Recuerdo una historia que me leyeron de pequeño, una especie de versión bélica y burguesa del juego del teléfono escacharrado de toda la vida.

La comunicación siempre ha sido algo vital. Pero cuando las cosas no se explican bien, o no las entiendes y no preguntas por miedo, o por vergüenza, o por dejadez, el mensaje simplemente se transforma hasta desaparecer.

¿Y quién es el comunicador? Todos. Todos nosotros en un momento dado somos comunicadores, y en la vida 2.0, debemos ser buenos comunicadores, debemos saber transmitir el mensaje con claridad. Debemos transmitir confianza para que aquellos que no te entiendan sean capaces de preguntarte sin miedo. Y debemos transmitir entusiasmo para que aquellos que están entretenidos mandando un whatsapp te presten un minuto de atención y te escuchen.

Buscando en Internet he encontrado aquel cuento o relato que una vez me leyeron de pequeño:

El eclipse de Sol

En una zona de 300 kms. de longitud de Italia septentrional y central se pudo asistir a un eclipse total de sol. El fenómeno había movilizado a un número extraordinario de astrónomos, cinematografistas, fotógrafos y curiosos y contó casi en todas partes con un tiempo espléndido.

Ciertas poblaciones donde el panorama resultaría particularmente sugestivo, fueron invadidas por los turistas a tal punto que los hoteles no disponían ya de una sola cama.

Se puede asegurar que el oscurecimiento gradual del sol, la aparición de luces extrañamente violetas, el silencio y terror de los animales, el minuto y medio de tiniebla nocturna mientras que en el cielo se encendían de pronto las estrellas, y la reaparición del Astro Rey mientras entre la muchedumbre expectante estallaba un incontenible aplauso fueron todo un espectáculo y una fuente de emociones poco comunes.

Pero alguien ha considerado el eclipse desde un aspecto completamente distinto difundiendo un chiste; un chiste tan largo que a menos que los escribamos, no podremos recordarlo íntegramente: el título es algo así como El eclipse de sol o la transmisión de las órdenes en la guarnición militar local.

EL CORONEL, AL MAYOR:
Como usted sabe mañana tendremos eclipse de sol, lo cual no sucede todos los días. Haga partir a los soldados a las nueve, en uniforme de campaña, para la plaza, a fin de que puedan ver ese interesante fenómeno. Yo les daré las instrucciones necesarias. En caso de lluvia no habrá nada que ver; entonces vayan al gimnasio.

EL MAYOR, AL CAPITÁN:
Por orden del señor Coronel, mañana, a las ocho, habrá eclipse de sol en uniforme de campaña, con instrucciones del propio señor Coronel, lo cual no sucede todos los días si el tiempo es lluvioso. Afuera no habrá nada que ver, pero entonces el eclipse tendrá lugar en el gimnasio

EL CAPITÁN, AL TENIENTE:
Por orden del Señor Coronel, mañana a las siete, en uniforme de campaña, inauguración del eclipse de sol. El coronel dará en el gimnasio las órdenes necesarias en el caso de que deba llover, cosa que no sucede todos los días.

EL TENIENTE, AL SARGENTO MAYOR:
Mañana a las seis, el Señor Coronel, en uniforme de campaña hará eclipsar al sol en el gimnasio, con instrucciones especiales si hay buen tiempo. En cambio si llueve no habrá eclipse, aunque esto no sucede todos los días.

EL SARGENTO MAYOR, AL CABO:
Mañana a las cinco de la mañana, si hay buen tiempo, habrá eclipse del Senor Coronel en uniforme de campaña a causa del sol. Si llueve el eclipse tendrá lugar en el gimnasio. De todos modos iremos a la plaza a hacer demostraciones públicas dado que esto no sucede todos los días.

LOS SOLDADOS ENTRE SI:
Al parecer mañana a las cuatro aparece el sol en uniforme de campaña y en demostraciones públicas para eclipsar al coronel. Lástima que esto no suceda todos los días.

 

 

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